El Templo Masónico de Santa Cruz de Tenerife y la masonería, contados desde dentro

Un masón de grado 33 responde qué secretos guarda la masonería, por qué duran sus bulos y qué pasó en el templo de San Lucas. Con fuentes y lo que hay que matizar.

9 de octubre de 2026

En la calle San Lucas de Santa Cruz hay un edificio con cuatro esfinges en la fachada y un ojo dentro de un triángulo. Todavía hay gente mayor que se santigua al pasar por delante. Lo recuerda Yeray Molinillo en el episodio de Efecto Folelé en el que nos sentamos con un masón de grado 33 del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, a preguntarle lo que pregunta todo el mundo.

Este texto responde esas preguntas por escrito. Separa lo que él sostiene de lo que dicen las fuentes, y marca dónde el audio se equivoca.

¿Qué secretos guarda de verdad la masonería?

Dos, según él: quién es masón, salvo que esa persona decida decirlo, y cómo se reconocen los masones entre sí. El resto no lo considera secreto.

Sostiene que los rituales, del grado 1 al 33, están publicados en internet, muchas veces distorsionados, y que la diferencia está en otra parte: «Lo que no vas a encontrar en internet es cómo lo vivimos». Añade que las logias son asociaciones registradas, con cargos que se conocen, y que cualquier consejo de administración guarda acuerdos más cerrados que los suyos.

Lo de registradas es literal. En España la masonería fue de las últimas organizaciones en legalizarse con la democracia: en 1979, cuando la Audiencia Nacional anuló la resolución que había declarado ilegal al Grande Oriente Español. En el episodio él habla de noviembre del 77; el año bueno es el que apunta Yeray, el 79.

¿Es la masonería una religión o una secta?

Ni una cosa ni otra, responde. En su obediencia, la llamada regular, el único requisito de fe es creer en un principio creador. Lo llaman Gran Arquitecto del Universo para que quepan ahí el Dios, el Jehová o el Alá de cada hermano. Por eso en la logia no se habla de religión, ni de política: son las dos cosas que más separan a las personas.

Él sitúa esa norma en 1717, que es la fecha tradicional de la Gran Logia de Londres; por escrito llega con las Constituciones de Anderson, de 1723. Y no toda la masonería exige creer: el Gran Oriente de Francia suprimió esa obligación en 1877, y por eso él precisa que un ateo no puede entrar «en la masonería en la que estoy yo». Con las mujeres pasa algo parecido: en España hay obediencias masculinas, femeninas y mixtas, y la masonería regular solo admite hombres.

Sobre la secta, su respuesta es la frase más redonda del episodio: «Nuestra puerta de entrada es muy estrecha y la de salida es tan amplia como el universo». Basta con decir que te vas. Y cuando Yeray le pide un defecto, no lo esquiva: «El problema no es la masonería, el problema somos nosotros».

Hay un punto en el que el audio se queda corto. Preguntado por la Iglesia, sostiene que solo castiga a quien atenta contra ella. Eso es lo que prevé el Código de Derecho Canónico de 1983 para quien se inscribe en asociaciones que maquinan contra la Iglesia. Pero ese mismo año, el 26 de noviembre, la Congregación para la Doctrina de la Fe, que presidía Joseph Ratzinger, declaró que los católicos inscritos en logias están en pecado grave y no pueden comulgar. El Vaticano lo reiteró el 13 de noviembre de 2023.

¿Por qué siguen circulando bulos sobre los masones?

Porque preferimos lo que suena a versión alternativa antes que preguntar a quien lo vive. Él lo cuenta con una imagen que atribuye a su soberano gran comendador: la gente podría preguntarle al pájaro, que habla, pero prefiere comprar lo que escriben supuestos ornitólogos.

El caso de manual es Léo Taxil, seudónimo del francés Gabriel Jogand-Pagès. A partir de 1885 fingió convertirse al catolicismo y publicó «revelaciones» sobre la masonería: un culto luciferino, una sacerdotisa llamada Diana Vaughan, talleres secretos bajo el Peñón de Gibraltar. León XIII lo recibió en audiencia en 1887. El 19 de abril de 1897, en la Sociedad de Geografía de París, Taxil confesó que lo había inventado todo; Diana Vaughan era una mecanógrafa que le prestó el nombre. En el episodio se dice también que el papa financió su campaña: eso no lo hemos encontrado documentado.

Doce años de bulo y casi ciento treinta de desmentido, y el Baphomet sigue en internet. De por qué una mentira resiste, y de si callarla sirve de algo, ya hablamos con Javier Santaolalla en el episodio que abrió la temporada.

El ejemplo canario lo pone él. En la reapertura del templo de San Lucas, el guía explicó a su grupo que los masones pasan 48 horas en la cámara de reflexión antes de ser iniciados. Le entró la risa. El guía le enseñó en el móvil de dónde lo había sacado: de historiadores. «Ese dato no está contrastado», le contestó.

¿Qué castigaba la ley franquista de represión de la masonería de 1940?

Haber sido masón, incluso cuando serlo era legal. La Ley de 1 de marzo de 1940, publicada en el BOE al día siguiente, consideraba masón a todo el que hubiera ingresado y no hubiese sido expulsado, no se hubiese dado de baja o no hubiese roto «explícitamente» con la orden. En la práctica, eras masón mientras no demostraras lo contrario.

Las penas eran de reclusión menor, de 12 a 20 años, y de reclusión mayor, de 20 a 30, si había agravantes. Una de ellas era haber alcanzado los grados 18 a 33: el grado del invitado habría sido, por sí solo, una agravante. Quien había pertenecido debía presentar una declaración-retractación en dos meses y, salvo excusa absolutoria, quedaba separado de cualquier cargo público. El Tribunal Especial que la aplicó tramitó más de 64.000 expedientes hasta que la Ley 154/1963 lo suprimió.

Yeray, que es jurista, la describe en el episodio como una ley con «retroactividad de grado máximo». Hoy el artículo 9.3 de la Constitución lo impide: garantiza la irretroactividad de las disposiciones sancionadoras no favorables.

Hay un dato que conviene saber desde aquí. La primera disposición antimasónica de los sublevados se firmó en Santa Cruz de Tenerife: el bando del comandante general Ángel Dolla, de 15 de septiembre de 1936, que declaraba «contrarias a la ley» la francmasonería y las asociaciones clandestinas.

Dos matices más al audio. Los quince años de artículos de Franco en el diario Arriba son los de sus tres seudónimos, entre 1945 y 1960; los que firmó como Jakim Boor contra la masonería se reunieron en el libro Masonería, de 1952. Y el Supremo Consejo de España, que sobrevivió en el exilio gracias al de México, data su fundación en 1811, no en 1810.

¿Qué pasó con el Templo Masónico de Santa Cruz de Tenerife?

Lo incautaron en 1936 y pasó por la Falange, la intendencia militar y la farmacia militar, y fue, en palabras del acuerdo publicado en el BOE el 9 de enero de 2026, «centro de interrogatorios y torturas». Lo había levantado la logia Añaza entre 1899 y 1902, con proyecto de Manuel de Cámara y Cruz: según ese mismo acuerdo, «la primera construcción masónica creada exprofeso para servir de templo».

Yeray le pregunta cómo se digiere eso. Su respuesta hay que leerla entera: «aunque eso supuso un sufrimiento para muchas personas, gracias a que se le dio esa utilidad el edificio está hoy en pie». Según él, los demás edificios parecidos que había en España desaparecieron.

El Ayuntamiento lo compró en 2001, es Bien de Interés Cultural desde 2007 y reabrió el 27 de octubre de 2025, tras una rehabilitación de algo más de tres millones de euros pagada por el Ministerio de Cultura. En el episodio él reconoce el empeño de los alcaldes de Santa Cruz —nombra a José Manuel Bermúdez—, del concejal Florentino Guzmán Plasencia y del soberano gran comendador Jesús Soriano. El Gobierno abrió en diciembre de 2025 el expediente para declararlo Lugar de Memoria Democrática, con doce meses de plazo para resolver.

¿Está construido el templo con el número áureo?

Él dice que sí, y que no es casualidad: una parcela de 600 metros cuadrados, todo en base 60, proporciones áureas. La medida de la parcela no la hemos podido comprobar. La base 60 sí es mesopotámica, pero la primera definición conocida de la proporción áurea está en los Elementos de Euclides, y la idea de que los arquitectos lo construían «todo» con ella es un mito que los matemáticos llevan décadas desmontando.

Lo más útil del tramo lo aporta él mismo. Yeray trae de la visita guiada que el templo está en el paralelo 28, como el monasterio de Santa Catalina del Sinaí. Es cierto: Santa Cruz está a 28,46 grados norte y el monasterio, a 28,56. Por esa misma franja pasan Nueva Delhi y Orlando. Lo explica al hablar de un hermano de su logia que se dedica a la numerología: si buscas, «siempre encontrarás alguna combinación que de alguna forma te cerciore de tus pensamientos».

¿Y desde aquí qué se puede hacer?

Ir a verlo. El templo abre de martes a sábado de 11:00 a 18:00 y domingos y festivos de 11:00 a 14:00, según Santa Cruz Cultura; las visitas guiadas están pendientes de nuevas fechas. Conviene confirmarlo antes de ir.

Y preguntar por lo que no sale en los libros de clase. En 1909 la logia Añaza abrió en Santa Cruz una escuela laica con clases gratuitas para adultos; en el episodio se habla de unos doscientos miembros, cifra que no hemos podido confirmar. Cuando Yeray le pregunta por qué eso no se estudia en el colegio, contesta primero como se diría en su barrio —«porque no interesa»— y luego en serio: lo que separa a una persona libre de una que no lo es, dice, es la educación.

Los papeles de la logia salieron hacia Salamanca en 1936. El protocolo que firmaron el Ministerio y el Ayuntamiento en enero de 2026 incluye empezar a recuperar los fondos expoliados durante el franquismo. Es memoria de Santa Cruz, no solo de los masones, y que vuelva y se pueda consultar aquí depende de que alguien la pida: los institutos, las asociaciones de memoria, la Universidad de La Laguna, que lleva décadas estudiando la masonería canaria.

Al final de la conversación le preguntan en qué es mejor hoy que el día que entró. Habla del silencio: en una tenida solo habla quien va a aportar algo, y lo demás sobra. No es mala regla para entrar en San Lucas, ni para leer lo que se dice de quienes se reunían allí.


Fuentes. Episodio 17 de Efecto Folelé (1:11:15). Ley de 1 de marzo de 1940 sobre represión de la masonería y del comunismo, BOE núm. 62, de 2 de marzo de 1940. Juan José Morales Ruiz, «La Ley de Represión de la Masonería y el Comunismo (1 de marzo de 1940)», REHMLAC, 2020, para el Tribunal Especial y sus expedientes. Museo virtual de historia de la masonería de la UNED, para las penas y el bando de Ángel Dolla. Acuerdo de incoación del procedimiento de declaración de Lugar de Memoria Democrática del Templo Masónico de la calle San Lucas, BOE-A-2026-535, de 9 de enero de 2026. Decreto 390/2007, de 6 de noviembre, de declaración de Bien de Interés Cultural. Cobertura de la reapertura de 27 de octubre de 2025 en elDiario.es, Infobae y la web del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife. Horarios de Santa Cruz Cultura, consultados en octubre de 2026. Declaración sobre las asociaciones masónicas de la Congregación para la Doctrina de la Fe, 26 de noviembre de 1983, y respuesta del Dicasterio para la Doctrina de la Fe de 13 de noviembre de 2023, recogida por Vatican News. Sobre Léo Taxil, el texto de su conferencia de 19 de abril de 1897, publicada en Le Frondeur. Juan Carlos Sánchez Illán y Daniel Lumbreras Martínez, «Francisco Franco, articulista de incógnito (1945-1960)», Historia y Comunicación Social, 2016. Sobre la legalización de 1979, la sentencia de la Audiencia Nacional que anuló la resolución contra el Grande Oriente Español. George Markowsky, «Misconceptions about the Golden Ratio», The College Mathematics Journal, 1992.


El episodio completo dura una hora y once minutos y está en YouTube y en las plataformas de podcast. En la ficha del episodio están los capítulos, la transcripción íntegra y los documentos que se citan.