Petrus Gonsalvus: la historia real del tinerfeño al que se asocia con La Bella y la Bestia
Nació en Tenerife en 1537 con el cuerpo cubierto de vello y acabó en la corte de Enrique II de Francia. Qué está documentado, qué es leyenda y por qué un actor canario de Nueva York lo está subiendo hoy a un escenario.
16 de octubre de 2026
Hay historias canarias que circulan más por internet que por las islas. La de Petrus Gonsalvus es una de ellas: la cuentan canales de divulgación en YouTube con cientos de miles de visitas, casi siempre con el mismo titular sobre La Bella y la Bestia, y casi nunca desde aquí.
En un episodio de la segunda temporada de Efecto Folelé la contamos con el actor y dramaturgo tinerfeño Edu Díaz, que vive en Nueva York y lleva años preparando un espectáculo sobre él. Lo que sigue responde por escrito las preguntas del episodio, con las fuentes delante y separando lo que está documentado de lo que es atribución popular.
¿Quién fue Petrus Gonsalvus?
Un canario del siglo XVI que pasó casi toda su vida en cortes europeas por tener el cuerpo cubierto de vello. Nació en Tenerife en 1537 —la Wikipedia en inglés, que recoge las fuentes académicas, fija el 9 de mayo— y murió en 1618 en Capodimonte, en la actual Italia, con más de ochenta años. Se le conoce también por su nombre castellano, Pedro González.
Tenía hipertricosis universalis congénita, una condición genética muy poco frecuente que cubre de pelo casi toda la superficie del cuerpo, incluida la cara. Está considerado el primer caso documentado en Europa. Los epítetos con los que se le nombró entonces —«el salvaje de Tenerife», «el hombre lobo canario»— son los de su época y conviene usarlos entrecomillados: describen cómo lo miraron, no lo que era.
Con unos diez años llegó a la corte de Enrique II de Francia, hacia 1547, enviado como regalo. Las fuentes difieren en la ruta: la ficha de la Wikipedia habla de un envío desde la corte de Margarita de Parma, regente de los Países Bajos, y la crónica que publicó Canarias Ahora con motivo de la exposición La Bella y la Bestia en la Biblioteca Insular de Las Palmas, en marzo de 2018, lo sitúa como regalo exótico enviado a Carlos V. En la corte francesa no lo trataron como a un sirviente: lo vistieron de cortesano, le enseñaron latín y lo formaron en artes liberales.
Se casó hacia 1573 con Catherine Raffelin, probablemente dama de la reina Catalina de Médicis. Tuvieron seis hijos y cuatro heredaron la condición. De varios de ellos quedan retratos en la Cámara de Arte y Maravillas del castillo de Ambras, en Austria, entre ellos el que Lavinia Fontana pintó de Antonietta en 1595. Es decir: de la vida de esta familia canaria queda constancia pictórica en media Europa.
¿Es verdad que Petrus Gonsalvus inspiró La Bella y la Bestia?
No está demostrado. Es una atribución moderna, muy repetida, que conviene contar como lo que es: una hipótesis atractiva, no un hecho documentado. Y este es el punto en el que casi todos los vídeos que cuentan su historia pasan de largo.
El cuento tal como lo conocemos tiene una genealogía literaria bastante clara. La primera versión publicada es la de Gabrielle-Suzanne Barbot de Villeneuve, en 1740, casi ciento veinte años después de la muerte de Gonsalvus. La versión que triunfó y llegó hasta Disney es la abreviación que Jeanne-Marie Leprince de Beaumont publicó en 1756. Y detrás de ambas está todo un ciclo de relatos del «novio animal» que se remonta al menos a Cupido y Psique, incluido por Apuleyo en El asno de oro en el siglo II. Ninguna de esas autoras cita a Gonsalvus.
Lo que sí es cierto es que el matrimonio entre un hombre de aspecto llamativo y una mujer de la corte alimentó la imaginación europea de su siglo y quedó fijado en retratos que circularon por gabinetes de curiosidades. De ahí a decir que «inspiró» el cuento hay un salto que las fuentes no dan. La propia Wikipedia lo formula en condicional y la crónica de Canarias Ahora dice «según investigadores».
Contarlo así no le quita fuerza a la historia. Se la da: lo interesante no es que un cuento venga de Tenerife, es que a un niño canario lo convirtieron en objeto de exhibición y que quinientos años después seguimos necesitando adornarlo con un cuento de Disney para que nos interese.
¿Por qué un actor canario que vive en Nueva York monta hoy esa historia?
Porque se reconoció en ella. Edu Díaz cuenta en el episodio que quien le puso delante el libro fue su madre, catedrática de literatura hispanoamericana en la Universidad de La Laguna: un libro polvoriento de su biblioteca sobre un tinerfeño del siglo XVI. Eso fue hacia 2014. La historia se quedó en reposo hasta que él mismo emigró y empezó, dice, «a conectar los puntos de Petrus en una corte francesa» con los de un canario en Estados Unidos, «totalmente fuera de contexto».
El espectáculo está en construcción y él espera estrenar la versión grande el año que viene. En el episodio adelanta que todos los personajes están fuera de sitio: una reina italiana que reina en Francia, un Nostradamus mayor que pierde la memoria, y Petrus. Y avisa de que buena parte de lo que pondrá en escena —la conciencia del propio Petrus, lo que pensaba de sí mismo— es imaginación suya. Es una distinción honesta que merece la pena subrayar, porque el detalle más repetido de su relato, el del zoológico real, la menagerie donde lo alojaron entre animales exóticos hasta que se dieron cuenta de que era un niño, forma parte del relato popular y no de una documentación sólida. En el teatro eso es material legítimo. En un artículo hay que decir de dónde viene.
¿Qué tiene que ver Petrus Gonsalvus con ser inmigrante hoy?
Con que el mecanismo es el mismo: lo que te hace distinto decide cómo te tratan. Edu Díaz vive en Harlem, un barrio con mucha población inmigrante, y describe una escena concreta de su día a día: carteles pegados en las farolas avisando de que «la migra está en el barrio». Él tiene sus papeles en regla y aun así lo cuenta con una frase que resume bien el asunto: «esta gente no pregunta».
Su lectura de la obra va por ahí. Dice que en el fondo habla de libertad, de colonialismo y de lo que significa estar oprimido hasta el punto de creerte lo que te han dicho que eres. A Petrus le hicieron pensar que no era un hombre, sino una criatura, y que le correspondía vivir encerrado. Esa es la pregunta que el episodio deja: cuántas cadenas son mentales y quién te las puso.
El episodio recoge un contrapeso importante: él insiste en que defender los derechos de una minoría no es quitárselos a nadie, y que los discursos que nos enfrentan sirven sobre todo para tenernos segmentados.
¿De dónde sale «A Drag Is Born»?
De una noche mala en Manhattan en 2022, contada por él en el episodio y en el marco en que la cuenta: una agresión homófoba de alguien cercano, que no denunció por su situación como inmigrante y que hoy dice que denunciaría. En lugar de una denuncia salió una obra. Él lo llama «exorcismo»: acceder desde la risa a lo que por el drama no se puede tocar.
Ese espectáculo ya tiene un recorrido comprobable. Según la ficha de Spain Culture New York y la cobertura de Diario de Avisos, es una pieza no verbal de clown, drag y realismo mágico, se estrenó en Nueva York en 2024, ha pasado por festivales de Orlando, Los Ángeles y el Fringe de Edimburgo y acumula varios premios. Y tiene un detalle que cierra el círculo con Petrus: el personaje es un hombre de cuarenta y tantos con mucho pelo en el cuerpo.
¿Qué le debe a las drags canarias de los noventa?
La idea de que aquello era posible. La parte más de casa del episodio pasa a finales de los noventa en Santa Cruz de Tenerife, en dos bares: el Sueños Azules y El Galeón. Él era menor de edad, se colaba, y vio allí performances que le abrieron la cabeza: una estalactita decorativa arrancada de la barra y lanzada al público, lip syncs de Mónica Naranjo cuando todavía se decía «playback». En el episodio homenajea a dos artistas por su nombre; aquí no los escribimos todavía porque queremos confirmar con ellas la grafía y su conformidad antes de fijarlos por escrito.
Lo que sí se puede decir es lo que él dice: aquello era casi clandestino y alguien tuvo que pegarse para abrir camino en una sociedad que no estaba preparada. Esa genealogía —drag canario de bar, de barrio y de madrugada— no está escrita en casi ningún sitio. Se merece estarlo.
¿Por qué cuesta tanto que a un canario que triunfa fuera lo programen en casa?
Esa es la pregunta con la que se cierra el episodio, y la respuesta que da es incómoda. Llegó a Nueva York en 2019 con una beca Fulbright de artes escénicas. Durante cinco años intentó que alguien en Canarias le respondiera un correo. No ocurrió hasta este año, cuando el Cabildo de Tenerife lo invitó a actuar por el Orgullo; Diario de Avisos recoge esa función en el Auditorio de Tenerife el 19 de junio.
Su explicación no es victimista: dice que en Nueva York también hay que empujar «como un jabato», pero que allí la ciudad te devuelve el empujón porque hay una industria cultural histórica y dinero detrás. Aquí el empujón se pierde. Se considera a sí mismo «emprendedor cultural» y cuenta que la mayor parte de su tiempo se le va en un escritorio: solicitudes, notas de prensa, contactar con periodistas. Ese trabajo invisible es, en buena parte, lo que aquí no se financia.
Es la misma conversación que tuvimos con Diego Navarro y FIMUCITÉ en el episodio 15, y por eso la dejamos enlazada: el talento no es lo que falta.
¿Y desde aquí qué se puede hacer?
Lo primero, enterarnos. Que un tinerfeño del siglo XVI se cuente mejor en canales de fuera que en las islas y que un artista tinerfeño llene salas en Edimburgo mientras aquí no le contestan un correo son el mismo problema con dos caras: no estamos contando lo nuestro.
Lo segundo es concreto y no depende de ninguna institución. Ir a la función cuando la programación la trae. Nombrar bien a la gente que abrió camino en los bares de Santa Cruz cuando eso costaba caro. Escribir la historia de Petrus Gonsalvus sin tener que envolverla en un cuento de Disney para que interese. Y hacer lo que él le pide a quien ahora mismo se esconda por miedo a su entorno: buscar a tus personas y aliarte. Aquí, que es donde vivimos.
Fuentes. Episodio T2-01 de Efecto Folelé con Edu Díaz (46:24). Wikipedia en inglés, entradas «Petrus Gonsalvus» y «Antonietta Gonsalvus». Canarias Ahora / eldiario.es, crónica de la exposición La Bella y la Bestia en la Biblioteca Insular (marzo de 2018). Wikipedia en español, entrada «La Bella y la Bestia», sobre Villeneuve (1740), Leprince de Beaumont (1756) y el ciclo del novio animal. Diario de Avisos, sobre la función de A Drag Is Born en el Auditorio de Tenerife por el Orgullo. Ficha del espectáculo en Spain Culture New York.